La ermita de San José data de la primera mitad del siglo XVIII. El 31 de diciembre de 1743 fue visitada por el obispo Juan Francisco Guillen, quien viendo el deterioro que presentaba la misma, mandó que se compusiese y retejase. Por aquellos años la ermita era nueva y de reducidas dimensiones, según consta en la mencionada visita, ya que el obispo ordena que “se alargue para que pueda caber todo el pueblo”. No se sabe con certeza si el templo llegó a ampliarse, pero el edificio, como otros muchos de la isla, ha sufrido continuos remozamientos a lo largo de su existencia.
Actualmente es una sencilla ermita de planta única cubierta a tres aguas y teja. A ella se accede mediante dos puertas, ambas enmarcadas en canterías claras y rematadas en arco de medio punto, una de ellas se abre hacia la mitad del muro de la epístola, y la principal a los pies del templo. La sacristía se adosa por la parte de la cabecera del muro derecho, cubierto a cuatro aguas y teja. La espadaña, más moderna y en forma de templete, se coloca en la parte superior derecha de la fachada. El conjunto de la ermita y sacristía están rodeados en su perímetro por un muro de construcción reciente. Frente a la fachada principal, sobre el muro exterior está colocada una pequeña cruz de madera, posiblemente el lugar donde se ubicaba el calvario.
Decreto 419/2007.
Decreto 419/2007, de 18 de diciembre, por el que se declaran los bienes muebles vinculados así como su entorno de protección.
Diócesis de Canarias.
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