Fiestas Juradas de San Miguel Arcángel
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Las Fiestas Juradas de San Miguel de Tuineje tienen su origen en unos hechos históricos acaecidos en 1740, omnipresentes en la vida de los habitantes de su municipio y de la isla de Fuerteventura a lo largo de los 263 años transcurridos: las victorias sobre los invasores ingleses del 13 de octubre y 24 de noviembre de aquel año de 1740, en las batallas de El Cuchillete y del Llano Florido, también llamada de Tamasite.
Del desarrollo y resultado final de estos episodios bélicos, existe amplia documentación en los archivos insulares y nacionales, recopilada por los historiadores Antonio de Bethencourt y Aurina Rodríguez, autores del libro “Ataques Ingleses contra Fuerteventura, 1740”.
Recogen con absoluta precisión Bethencourt y Rodríguez, cómo ese año de 1740, una Fuerteventura aislada, sin fortificaciones, armas ni comunicaciones, se ve inmersa en la que se llamó Guerra de la Oreja entre España e Inglaterra, ante un enemigo bien pertrechado y de amplia experiencia, en lo que se denominaba entonces guerra en corso. Una modalidad de piratería, sin otros objetivos más allá del pillaje y el saqueo de bienes y esclavitud de personas. Una faceta de la guerra que apareja graves perjuicios económicos y depredaciones en las comunidades atacadas, por los sufrimientos y tragedias humanas que desencadenan entre sus víctimas. Los corsarios, a bordo de sus navíos de guerra, partían de Funchal, capital de Madeira, un puerto bajo dependencia de Portugal, neutral en el conflicto hispano-inglés, que los británicos aprovechan como base, mercado y centro de información acerca de lugares vulnerables, presas propicias para sus correrías. Es aquí, donde tuvo que circular el rumor de lo fácil que sería adquirir un rico botín, desembarcando en Fuerteventura para llegar hasta su capital, Betancuria, y exigir un fuerte rescate. Esta es la hipótesis más verosímil que apuntan Bethencourt y Rodríguez, en la búsqueda de las claves para que Fuerteventura se viese envuelta en una guerra particular entre británicos y majoreros, en medio de la inmensidad atlántica.
Un conflicto presidido por la confrontación de sentimientos religiosos. Confrontación religiosa con las armas en la mano que despierta en los contendientes el odio y la sed de exterminio. El reiterado despojo vandálico de la ermita de San Miguel en Tuineje, la sacrílega profanación de la Virgen del Buen Viaje, la forma en que arrancan el brazo y bastón de la imagen del Arcángel y el robo de vasos y ornamentos sagrados, es clara muestra del comportamiento colectivo del bando agresor. A ello responden los majoreros con una profesión de fe y providencialismo, enraizados en lo más hondo de sus convicciones religiosas, y la necesidad de defender la isla, la tierra y la Patria, anteponiendo el honor a la vida y entrando en combate bajo la advocación de la Virgen de la Peña y su patrón San Miguel Arcángel.
Del desembarco inglés en Gran Tarajal, “con las últimas luces”, ya anochecido del día 12 de octubre, la difusión de la noticia entre los lugareños, la llegada del invasor a Tuineje, en la madrugada del día 13, sus fechorías y retirada, el encuentro con los defensores mandados por el Gobernador de Armas de Fuerteventura, Teniente Coronel José Sánchez Umpiérrez, donde llaman Los Quemados del Cuchillete, por sobre la Ventosilla, entre la Fuente de Bartolo, al este y El Cuchillete, al sur, hoy kilómetro 5,200 de la carretera de Gran Tarajal a Tuineje y la total derrota corsaria, “sin dejar alguno que llevara noticia a su embarcación”, encontramos cumplido detalle en la obra de Bethencourt y Rodríguez, que beben en las fuentes de sus protagonistas, a través de los escritos del Gobernador Sánchez Umpiérrez y las declaraciones y testimonios de los vecinos para la Información testifical, abierta por el alcalde mayor de Fuerteventura.
Tras el éxito anterior, los habitantes de Fuerteventura volvieron al aislamiento de siempre, pero esta vez, sometidos a la incertidumbre de encontrarse expuestos a nuevos combates y al agobio de las guardias y alertas ordenadas por el Gobernador Sánchez Umpiérrez, ante la presencia de goletas británicas en las aguas insulares y la desaparición de varias embarcaciones locales a manos de los corsarios. En esta situación, se llega al día 24 de noviembre, “al salir el lucero del alba”, el corsario Davidson desembarca un grupo de 55 ingleses fuertemente armados, en la ensenada de Gran Tarajal, que pone rumbo a Tuineje. Pero esta vez, los hombres de Sánchez Umpiérrez estaban mejor organizados y las compañías de Tuineje, Tiscamanita, Agua de Bueyes, Casillas de Morales y Antigua, se concentraron en el “puesto destinado”, al que se incorpora el propio gobernador, al mando de la compañía de Pájara. Los ingleses tomaron de nuevo Tuineje y repitieron el saqueo de la ermita de San Miguel y los hechos irrespetuosos, esta vez con la imagen del Santo a la que arrancaron un brazo y despojaron de su bastón, que se llevaron como trofeo. Los defensores los esperaron al sur de Tuineje, en la llanura conocida como Llano Florido, situada entre el pueblo y las faldas de la montañeta de la Guerra y la de Tamasite. Esta vez, las tropas locales, en mayor número, mejor armadas, con mayor presencia de caballería y mejor organizadas, no dieron cuartel y los 55 ingleses quedaron tendidos sobre el campo de batalla, por siete muertos y 15 heridos por el lado majorero.
Estas gloriosas gestas calaron muy hondo entre los pobladores de Tuineje que acudieron al combate bajo la advocación de la Virgen de la Peña y su Señor San Miguel, a cuya intersección divina atribuyen la victoria. Y sería el Gobernador Sánchez Umpiérrez, en uno de sus múltiples escritos al Comandante General de Canarias, quién daría origen al secular juramento de los habitantes de Tuineje con su Señor San Miguel: “Debo decir a Vuestra Excelencia que habiendo entrado el enemigo en este lugar, y apoderándose de la ermita de que es patrono el Señor San Miguel, le rompieron el bastón y le arrancaron un brazo, el cual llevaban consigo y, cristianamente discurriendo, debe más considerarse que fue éste el brazo que riñó y venció, permitiendo el cielo la victoria en desagravio suyo. Es lógico que se nos adelante el pensamiento a jurarle copatrono en fiestas de militares en uno de los días de estos sucesos felices”.
Desde entonces, cada 13 de octubre, los majoreros de Tuineje y de Fuerteventura entera, acuden a postrarse ante su Señor San Miguel, en cumplimiento de la promesa hecha por sus antepasados, por tan altos favores recibidos.
Declaración
Decreto 102/2007, de 15 de mayo, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con categoría de ámbito local Las Fiestas Juradas de San Miguel Arcángel, en el término municipal de Tuineje, isla de Fuerteventura.
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